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sábado, 17 de abril de 2010

Bacterias simbiontes: unos huéspedes fundamentales

Se sabe que las bacterias pueden encontrarse en todo el ambiente marino, en casi todas las superficies y en toda la columna de agua, incluso se han llegado a encontrar en sedimentos a 300 metros bajo el fondo del océano Pacífico. De hecho, se cree que la forma más abundante de vida en el planeta podría ser una diminuta bacteria descubierta no hace mucho llamada Pelagibacter ubique, muy abundante en mar abierto.

Algunas bacterias viven en simbiosis con otros organismos marinos, pudiendo llegar a ser parásitas de estos y causar enfermedades. Estas bacterias, comenzaron probablemente su asociación incrementando la posibilidad de supervivencia de sus hospedadores, de modo que habrían llegado a ser imprescindibles para ellos. En muchos casos, se ha visto que el propio hospedador ha creado un refugio en sus tejidos u órganos.

Existen muchos casos de bacterias simbiontes en organismos marinos. Una asociación curiosa es la que se da en los moluscos bivalvos conocidos como bromas (Teredo), los cuales viven en simbiosis con unas bacterias implicadas en la digestión de madera. Estos bivalvos, carecen de celulasas y por tanto no pueden digerir la celulosa de modo que estas bacterias simbiontes aportan todo lo necesario para que pueda tener lugar esta digestión.

clip_image002En otros casos, las bacterias simbiontes son responsables de la luz que pueden emitir algunos organismos como peces, calamares, pulpos… así pues, las bacterias suelen alojarse en órganos especializados para la producción de luz, llamados fotóforos, vimos un ejemplo concreto de la mano de mi compañero David en otra entrada. La capacidad de emitir luz o biofotogénesis, sirve a organismos habitantes de la oscura profundidad para comunicarse con otros miembros de su especie, encontrar pareja, engañar a las presas, intimidar depredadores o pasar inadvertidos para cazadores de la ventana de Snell…

 

En otros casos, algunas bacterias simbiontes marinas pueden afectar a la salud humana, es el caso de la toxina que almacenan los peces globo. Se trata de una tetrodotoxina, un potente neurotóxico mortal que se almacena en el hígado y en las gónadas del pez y son sintetizadas por las bacterias simbiontes. Estas toxinas y otras similares se encuentran también en otros organismos marinos como planarias, caracoles, estrellas de mar, cangrejos…

Estas son algunas de las capacidades que pueden llegar a desarrollar algunas bacterias, invisibles a simple vista, pero fundamentales en la vida de muchos organismos.