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sábado, 13 de septiembre de 2008

Auténticas armas microscópicas

 

Hoy estaba ordenando mis apuntes del curso pasado para dejar espacio a los nuevos cuando me he encontrado con unos apuntes acerca del filo de los Cnidarios. Como sabéis el blog va dedicado a la biología molecular y celular mayoritariamente porque son las asignaturas que despiertan mayor interñes en mi, pero he de reconocer que había momentos en que otras asignaturas que no me agradaban tanto, como es el caso de la zoología, tenían algunas cosas muy interesantes y como no curiosas , como lo que os voy a contar en la entrada de hoy, al menos para mí fue curioso cuando me lo explicaron por primera vez...

El filo Cnidarios deriva etimológicamente de la palabra cnidocitos, unas células especializadas que contienen en su interior orgánulos urticantes también conocidos como cnidos.

 

Para los que no conozcan mucho el campo de la zoología pertenecen al filo de los Cnidarios animales como las anémonas, pólipos, hidroideos, pero sobre todo los más conocidos y sufridos por todos son las medusas.  ¿Quién no ha ido en alguna ocasión a la playa y ha sufrido una picadura de estos ejemplares tan urticantes pero a la vez tan hermosos?

 

Parecen simples gelatinas flotando en el agua, pero sin duda muy bien protegidas. Los cnidocitos se localizan en las invaginaciones de la epidermis y en la gastrodermis, pero sobre todo abundan en los tentáculos. Estas células contienen en su interior los nematocistos un órganos urticantes, que son cápsulas de doble pared de naturaleza quitinoide, la membrana externa forman el opérculo y la interna el mango en el que se enrrolla un filamento urticante que deriva del Complejo de Golgi del cnidocito. Este contiene un receptor llamado cnidocilo, una pequeña estructura que cuando es rota dispara el nematocisto hacia fuera.

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Vale, ahora pensaréis...pues bueno...que una pequeña célula, que es tan pequeña y sólo se puede ver en el microscopio no parece que sea tan peligroso...pero claro si os digo que el filamento se dispara con una velocidad de 2 m/seg. y una acceleración de 40.000 g. la cosa ya cambia. Para que os hagáis una idea una persona puede soportar como máximo una acceleración de 25g durante 40 segundos (Pueyo, 1981), equivale a 394.400 N, teniendo en cuenta que la fuerza de la gravedad es de 9,81 N, la fuerza con que estos "animalitos" disparan estos filamentos urticantes es realmente abrumadora y que por microscópicos que sean justifica el dolor tan intenso que se siente cuando te pica una medusa.

 

Pero, ¿cómo se consigue el disparo de este orgánulo con tanta fuerza? Hay dos hipótesis, la osmótica y la de contracción. La hipótesis osmótica apunta que en el interior de la cápsula la presión osmótica es de unas 140 atmósferas y que cuando se estimula química o físicamente el cnidocilo la cápsula se vuelve permeable al agua y la entrada del agua produce la apertura del opérculo y proyecta el filamento hacia el exterior. La segunda postura es la hipótesis es la de contracción en que la estimulación del cnidocilo provoca la contracción del cnidopodio, la porción inferior del cnidocito dotado de fibras musculares, lo que provoca el disparo.

Sea como sea está claro que la fuerza que se ejerce en estos orgánulos es impresionante, y la naturaleza una vez más nos da una lección de quién es más poderosa...

1 comentario :

Cohorte14 dijo...

Hola, me parece muy interesante tu escrito. Soy estudiante de medicina y fue muy placentero poder unir mis conocimientos con los tuyos.
Muchas gracias por el tiempo dedicado a este.
Sara M.
Medellín, Colombia