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domingo, 24 de enero de 2010

Las plantas y los animales sienten de la misma manera el dióxido de carbono

Este curioso entrada aparece en la revista Science de Enero del 2010. Al parecer plantas y animales comparten la capacidad de percibir el CO2, en el caso de los animales, y para ser más egocéntricos, los humanos, el CO2 se percibiría a través de los propios corpúsculos gustativos de los que un día ya hablamos en el blog (ver entrada). En cambio en la hojas, como muchos de vosotros ya habréis deducido los receptores para el CO2 se encuentran en los estomas.

image Se ha descrito como el CO2 en nuestras lenguas es capaz de producir una sensación que tiene por un lado componente físico y por otro químico. El componente físico correspondería al estímulo físico, sobre las células somatosensoriales de la lengua que, que provocarían las pequeñas burbujas de CO2. Por otro lado el estímulo químico también ha sido detectado. Al parecer el CO2 también estimula los receptores para el sabor ácido y que además las propias células receptoras tienen activado el gen que traduce la enzima anhidrasa carbónica. Esta enzima usa el CO2 y el agua para dar lugar al ión bicarbonato y protones, protones que van a acidificar el medio produciendo una bajada del pH que será detectada por las células receptoras que contengan receptores para el sabor ácido. Por tanto el cambio del pH es el nexo de unión entre los receptores que son estimulados por los sabores ácidos y el CO2.

Pero como ya se ha comentado las plantas, y más concretamente las células guarda, son capaces de detectar las moléculas de CO2. Ante elevadas concentraciones de CO2 las células guarda cierran el estoma. Lo más sorprendente es que en este mecanismo de cierre participa también la anhidrasa carbónica, en este caso el enzima se encuentra en el citoplasma de las células guarda. Cuando se incrementa la concentración de CO2 la anhidrasa carbónica da lugar a iones bicarbonato y a protones. El incremento de iones bicarbonato va a activar canales iónicos que como resultado darán lugar a una bajada en el potencial hídrico de estas células guarda, la entrada del agua y como consecuencia de la turgencia el cierre de los estomas.

A pesar de que plantas y humanos divergieron hace alrededor de mil millones de años utilizan mecanismos similares para la detección del CO2. ¿No os parece fascinante?

Para más información: www.sciencemag.org SCIENCE VOL 327 15 JANUARY 2010


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