Hoy os traigo el último trabajo acerca de lactasas y que cierra algunos de los flecos de resultados derivados de la tésis doctoral y que todavía no habían sido publicados.
Como ya sabéis la lactosa es, al mismo tiempo, un nutriente esencial y un desafío ya que una parte considerable de la población adulta presenta dificultades para digerirla, lo que ha impulsado en las últimas décadas una expansión constante de los productos sin lactosa y de los alimentos enriquecidos en galactooligosacáridos, compuestos con efectos prebióticos beneficiosos para la salud intestinal. Detrás de esta tendencia se encuentra una enzima clave: la lactasa, capaz de romper el enlace entre glucosa y galactosa. Aunque la industria utiliza de forma habitual la lactasa procedente de la levadura Kluyveromyces lactis, desde hace años se buscan alternativas que puedan tener mejores propiedades, como por ejemplo una mayor termoestabilidad. Un ejemplo de ello es la β-galactosidasa TmLac de Thermotoga maritima. Su extraordinaria resistencia térmica la convierte en una candidata ideal para procesos industriales en condiciones severas, aunque presenta un inconveniente importante: es menos eficiente que la lactasa de levadura en la hidrólisis de lactosa.
