La mayoría de los que pasáis por este blog conocéis de sobra la determinación del sexo en mamíferos, que viene definido por los cromosomas sexuales (eso no implica que un día no dedique una entrada para explicar más detalladamente el mecanismo) pero hay algunos casos en que hay una prevalencia epigenética sobre el genotipo, es decir, tienen más peso otros factores externos en la determinación del sexo que el propio genotipo.
En el caso de algunos equinoideos como Boneilla viridis (a la izquierda) el sexo se determina según el lugar de maduración de la larva. Si la larva hace contacto en un sitio en donde hay hembras se desarrollará como macho y si llega a un entorno si hembras se desarrollará como hembra. Las hembras poseen probóscide y los machos no, y al parecer es la presencia de una sustancia emitida por la probóscide lo que induce el desarrollo como machos.
Los gasterópodos del género Crepídula (derecha) son individuos coloniales, se amotinan unos encima de otros, que presentan la peculiaridad de que los juveniles son todos machos y al llegar la madurez sexual pierden la condición masculinas y entran en una etapa de sexo indiferenciado y a partir de este momento van a adquirir el sexo opuesto al del individuo sobre el que están fijados para facilitar la reproducción sexual.
Los factores sociales también pueden modificar el sexo genético como en el caso de algunos peces tropicales, entre ellos el pez payaso o más conocido como NEMO (que daño hacen este tipo de dibujos…). En el caso de estos peces siempre hay uno que actúa como jefe del grupo, siempre el individuo más grande de todos. Cuando el individuo dominante debe ser sustituido por otro, el “heredero”, la primera pauta es que sea el siguiente individuo más grande, y la segunda que sea macho, en el caso de que el individuo más grande después del dominante sea una hembra esta se convertirá en macho. En este caso la ausencia de jefe provocara la secreción de hormonas hipotalámicas que darán lugar a cambios en las gónadas produciéndose la diferenciación sexual.
Otro ejemplo de determinación del sexo archiconocido es el de algunos grupos de reptiles, cocodrilianos, quelónidos y algunos lacértidos, en que los cromosomas sexuales se expresan según los rangos de temperatura en machos o hembras pudiendo ser controlada la proporción de sexos durante la puesta según la profundidad a la que se entierren los huevos.
Eso sí, aunque sean calificados de epigenéticos no debemos olvidar que en última instancia la determinación del sexo es genética, aunque el factor determinante, sea por ejemplo la temperatura, ésta marcará la pauta, pero según sea una u otra se traducirán unos genes u otros.